Un sitio para que los exfumadores se entusiasmen, supongo.

Un cigarrillo, por favor

21 junio 2008 | Carteles, Dejar de fumar, Francisco Cenamor, Literatura, Publicidad de tabaco | , | 1 comentario »

Al llegar al ático donde tenía su morada lo encontró resplandeciente. Se veía que la señora María, la limpiadora que tenía contratada, había pasado por la mañana. Cada objeto de la casa permanecía en su perfecto orden; conseguirlo le había costado alguna que otra riña con la limpiadora. Al final, la señora María se había acostumbrado a respetar la ordenada elegancia que reinaba en aquel hogar.

Dejó las llaves en el llavero de la entrada, colgó cuidadosamente su abrigo en el perchero y descolgó el teléfono para escuchar los mensajes. Sólo había uno; era de Raquel, su novia, pasaría a las cinco de la tarde por su casa con una película del Blockbuster.

“Bien”, se dijo, “una tarde tranquila”. Eran las cuatro y media y no tendría que esperar demasiado a Raquel. Puso una cafetera de café mexicano, el que más le gustaba a su novia, y se dirigió al salón con la intención de fumarse un Marlboro como a él le gustaba, sentado en su sillón favorito, la cabeza recostada sobre el respaldo y mirando al techo mientras hacía círculos en el aire con el humo del tabaco.

Entonces se dio cuenta de que se había dejado el tabaco olvidado en casa de sus padres, donde había estado comiendo, como hacía cada sábado después de pasar la mañana en el gimnasio. “Qué despiste; bueno, no importa”, fue a su estudio y miró detrás del ordenador, en el escondite de emergencia. Sacó el paquete que guardaba para estas ocasiones. Estaba vacío. Se confirmaban definitivamente sus sospechas, la limpiadora le estaba quitando el tabaco pitillo a pitillo; él nunca dejaría un paquete vacío en aquel escondite. Lanzó cabreado el paquete dentro de la papelera y comenzó a cavilar una estrategia para decirle a la señora María que no lo volviera a hacer, que la próxima vez se buscaría otra limpiadora.

Da Capo

Después pensó en revolver la basura en busca de alguna colilla aprovechable para pasar el rato hasta que llegase Raquel. Pero claro, la limpiadora había tirado la basura aquella misma mañana sin hacer caso del horario de recogida. “Definitivamente”, pensó, “lo mejor sería despedirla”. Cerró de golpe el cubo de basura y en ese momento sonó el portero automático. Era Raquel, estaba salvado. Cuando llegó, la esperaba en la puerta.

- Hey, qué lujo, tú saliendo a recibirme- dijo Raquel mientras le besaba.

- Ya ves, ¿tienes un Marlboro por ahí o has vuelto a comprar la basura light de siempre?

- Oye, oye, te noto algo alterado. ¿No has escuchado mi mensaje?

- Del todo no- contestó mientras hurgaba nervioso en el bolso que le daba Raquel.

- Te decía que tenía que darte una gran sorpresa y es esa precisamente, he dejado de fumar- exclamó divertida mientras le entregaba también el abrigo.

- ¿Y no has traído ni un cigarrillo que te haya sobrado?- preguntó registrándole los bolsillos.

- No, no, nada de tentaciones, en esto hay que ser radical.

- Sí, tú para las gilipolleces siempre eres muy radical.

Un cigarrillo, por favor, de Francisco Cenamor. [Cuento completo]

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